Nerea Bárez. Psicología y Neurociencia

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Apego: nuestro sistema inmunologico psicológico

apego

El apego es un sistema innato del cerebro, que nos sirve para vincularnos a los demás. En sus comienzos, es el mecanismo que motiva al bebé para aproximarse y comunicarse con sus cuidadores, y por lo tanto, nos ayuda a la supervivencia, permitiendo que un sistema inmaduro, como es el cerebro de un bebé, a utilice las funciones maduras del cerebro de los adultos que lo cuidan.

¿Cómo funciona? A través de este sistema, los progenitores están sensibles a las señales que envía el bebé, y permite reducir las emociones incómodas, ayudándole a tranquilizarse, y potenciar las emociones agradables, para fomentar los estados positivos. Esta experiencia se repite a lo largo del tiempo, mientras el niño crece, y se va guardando en su memoria, confeccionando un esquema de “apego”, que ayuda a crear al niño (y posteriormente, al adulto) una base segura para moverse por el mundo.

Podemos saber, por los estudios realizados, que el sistema de apego es una función más para la que venimos predeterminados, tan básica y necesaria, como, por ejemplo, la capacidad para desarrollar el lenguaje. Cuando se activa, promueve al bebé para buscar proximidad con sus cuidadores, y en situaciones de peligro, supone un mecanismo básico de supervivencia.

Además, se ha comprobado que las relaciones iniciales que el bebé establece con sus cuidadores son cruciales para el crecimiento neuronal del cerebro. A partir de este sistema de apego, la mente del bebé se va desarrollando, y funciona como una guía para otras funciones importantes de la mente humana, como la memoria y la regulación emocional.

En los primeros meses, podemos arriesgarnos a decir que un sistema de apego coherente, y por lo tanto, una relación estable y fuerte entre el bebé y su madre (o su cuidador principal) es la principal fuente de inmunidad psicológica. ¿Qué significa estable? Pues principalmente, coherente y predecible. El bebé necesita poder contar con un adulto que calme sus necesidades, tanto físicas como emocionales. Una persona que si llora, pueda ayudarle a tranquilizarse, y si ríe, pueda corresponder con una sonrisa para ayudarle a disfrutar de ese estado tan agradable. Haber experimentado un vínculo fuerte y sano en los primeros meses de vida nos ayuda a desarrollar una autoestima sana y una sensación de seguridad en el mundo.

Es algo tan importante que, aunque se desarrolle durante nuestra infancia, sigue siendo un mecanismo que utilizamos durante toda nuestra vida. Cuando somos adultos, recurrimos a nuestras personas importantes (o figuras de apego) para calmarnos en momentos de estrés, y son una fuente de protección y fortalecimiento.

En la edad adulta, nuestras figuras de apego siguen siendo nuestras personas más cercanas, que serán familiares y sobre todo, parejas y amigos. Sabiendo que el apego desarrollado en la infancia es tan importante, y se va almacenando en la memoria como una guía para relacionarnos en la edad adulta y buscar nuestra seguridad, podemos predecir que será determinante en cómo nos relacionemos de adultos, por ejemplo, con nuestras parejas.

Cuando el vínculo de apego ha sido inseguro, ha existido maltrato, abandono, u otro tipo de problemas, esa información queda guardada en nuestra memoria de un modo disfuncional, y nos guiará en las relaciones adultas, provocando muchas veces, inseguridad, preocupación, imposibilidad de mantener relaciones, ansiedad al estar con otras personas, u otro tipo de problemas.

Gracias a todos los avances de la investigación en la neurociencia y la psicología, ahora sabemos esto y podemos hacer dos cosas para mejorar. La primera, ayudar a los padres a que hagan todo lo posible por garantizar a sus hijos ese apego seguro tan importante en su desarrollo. Y lo segundo, ayudar a los adultos a reparar el vínculo cuando ha existido problemas en los primeros años. Sabemos que todo queda registrado en la memoria, y que ésta es moldeable. Nuestro cerebro está siempre abierto a guardar nueva información,. Y el apego, es algo más que podemos regenerar.

Escrito por Nerea Bárez (Psicóloga)

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Esta entrada fue publicada en 11 agosto, 2013 por en Artículos, Neurociencia, Psicología y etiquetada con , , , , , .
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