Nerea Bárez. Psicología y Neurociencia

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Pensando en… quienes no tendrán felices fiestas

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Para honrar el nacimiento de Jesús, sacrificamos lo que sea. Son fechas malas. Todos se felicitan (como si algo hubiera pasado, como si algo se hubiera hecho) y nos vemos inmersos en multitud de rituales obligatorios que suponen una herencia impuesta, no solo familiar, sino social y cultural. Pero, ¿queremos? ¿podemos? ¿es el momento? La presión por la tradición hace que muchas personas pasen un mes horrible. Algunos esperan alegres la llegada de un Papa Noel o unos reyes magos que traen regalos… pero hasta los niños pueden tener miedo y angustiarse si alguien les ha dicho que pueden venir con carbón. Es una época de conflicto. Cuando la ilusión es real y pura, algo debemos tener pensado para fastidiarla. Como si en cada celebración de lo que sea nos viéramos siempre impulsados a tiznar la dicha con desdicha.  Y cuando no hay ilusión porque no hay motivo para ello, hay que huir, ya que mantenerse al margen no es una opción. Como si fuera necesario celebrar incluso en guerra. Familias que no se ven nunca, porque no quieren no saben o no pueden, pero el 24 de Diciembre o se ven o el drama se cierne sobre ellos. La oscuridad de la nostalgia si no están algunos, el recordatorio cruel y manifiesto de la soledad para otros; la culpabilidad por la toma de las decisiones individuales, o la indigestión de algunas cenas por estar condimentadas con puñales en forma de crítica u hostilidad.

Pero ante todo, cumplimos con la tradición. Nos ponemos el traje y comemos el cordero. Sea como sea, quiera quien quiera. Jesús nació ese día (para quien haya olvidado porqué era eso de cenar juntos el 24) y ahora, 2015 años después aún debemos acordarnos, estar felices y no amargarle la fiesta al resto. Pienso en todos esos que se verán empujados a una encrucijada dolorosa. Que angustia tener que elegir, decidir, disimular, aguantar, soportar, dolerse, sentirse solo… en nombre de ¿quién?

No quisiera ser yo pues cómplice manifiesto de semejante agonía. Quienes estén bien, no necesitarán más ánimos. Cenarán a gusto como cualquier otro día. No echarán de menos mi felicitación. Y para quien esto no sea más que un oscuro recordatorio de lo que no tienen y deberían tener, mi más sincero ánimo. El año tiene exactamente 365 días; mañana es solo uno más. Un brindis por vosotros.

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Esta entrada fue publicada en 23 diciembre, 2015 por en Artículos, Pensamientos y etiquetada con .
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