Nerea Bárez. Psicología y Neurociencia

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La mala ciencia en psicoterapia

¿Cómo podemos hacer ciencia investigando en psicoterapia? El método científico se sirve de herramientas como la estadística, y la psicología pretende hacerlo también, equiparándose además a la ciencia médica. Hemos imitado el procedimiento usado en medicina, y pretendemos quedarnos así tan tranquilos, creyendo que como hacemos lo mismo que los médicos, las cosas van bien.

Pensando en esto, no tengo más que profundizar ligeramente en cómo se hace cada una de las dos cosas (psicoterapia e investigación médica) para darme cuenta de que algo no funciona.  Un tratamiento médico funciona si a más de X personas (hablando en porcentajes) le ha servido para algo útil. Y para ello, se aplica el tratamiento a un gran número de personas, que normalmente además consiste en un compuesto químico, o un procedimiento instrumental, tangible, visible y materialmente abordable. Algo en lo que la aplicación por parte de una persona no debería influir demasiado para decidir si el procedimiento es válido o no. Un estudio sobre la validez de un medicamento podría ser aplicado a un grupo de personas a través de un dispensador automático de pastillas que diera la píldora que la persona debe tomarse. No haría falta ningún ser humano para comprobar la utilidad de la pastilla (aunque bien es cierto que todos conocemos el efecto tan positivo de un médico que nos sepa atender para darnos esa pastilla…)  Y cualquier efecto no atribuido a la pastilla, se considera un factor ajeno que debe ser controlado (incluyendo por supuesto, el efecto placebo). Aquí lógicamente la cuestión se basa en la estadística. Si 100 personas con inflamación del hígado se toman una píldora y el hígado se desinflama, podremos pensar con bastante seguridad que ha funcionado.

Ahora cojamos la psicoterapia. ¿Cómo hacemos esto? Aquel psicólogo que piense que un tratamiento psicológico es como una pastilla, que podría ser administrado sin el factor relacional, probablemente no haya profundizado demasiado en la acción psicoterapéutica. ¿Cómo administro exactamente el mismo tratamiento psicológico a 100 personas? Es más… ¿cómo evalúo a 100 personas que tengan el mismo trastorno o problema y cómo llego a la conclusión de que tienen exactamente el mismo tipo de “inflamación”? ¿qué medida me hace creer que esas 100 personas tiene exactamente el mismo problema? El propio diagnóstico categorial es algo que desde la práctica clínica sabemos que no funciona demasiado bien. Implica incluir a la gente en grandes clústers descriptivos de problemas que como mucho, tienen un desarollo semejante… Pero en cada persona el problema se habrá desarollado de una manera muy particular. Al margen de esto, imaginemos, muy a mi pesar y en contra de toda lógica, que pudiéramos hacer esto (100 personas tienen el mismo “trastorno de ansiedad generalizada” con exactamente, el mismo mecanismo de base, el mismo tipo de síntomas y el mismo tipo de curso del trastorno…)  ¿Cómo administramos (de verdad) el mismo tratamiento?

Una terapia psicológica no es una pastilla. La aplica otro ser humano. El principal instrumento es la relación terapéutica, la vinculación que se establece entre el psicólogo y el paciente. Y la conversación que se desarrolla durante una hora de sesión en la cual, se hacen un montón de cosas  que son producto de la interacción única y espontánea, irrepetible por naturaleza, que se dará en ese rato.

Sentarnos delante de un paciente con un trastorno de ansiedad generalizada y aplicar una técnica psicológica, como si de una pastilla se tratase es algo que por mucho que pretendamos hacer, resulta en la práctica inviable. Aunque sigamos un procedimiento bien estructurado y descrito, e incluso manualizado, la realidad es que los matices son muy importantes. La ruta para llegar al fin es diferente en cada caso, y en esas diferencias radica la imposibilidad de replicar fielmente una intervención.

Por lo que, si queremos hacer ciencia seria utilizando este método, deberíamos admitir honestamente que es imposible replicar un tratamiento psicológico. El procedimiento no puede ser exactamente el mismo para dos personas diferentes, ni puede ser aplicado exactamente igual por dos psicólogos diferentes, ni la misma persona puede experimentar exactamente la misma sesión (y el mismo tratamiento por lo tanto) dos veces diferentes. Pretender hacer esto y decir que es ciencia, es ignorar la naturaleza misma de la interacción psicoterapéutica. Es hacer ciencia con otra cosa, un sucedáneo de la psicoterapia, conformarnos con ese método “científico” basado en la estadística que claramente no es aplicable a esta ciencia en cuestión en tanto en cuanto ignora descaradamente variables como las que acabo de señalar.

Y no es que la psicoterapia no sea un campo científico. Hay una ciencia muy seria en todo esto. Pero es el método para medir los resultados lo que no funciona. No hemos desarrollado aún una manera adecuada de replicar la interacción entre dos seres humanos teniendo en cuenta todas las variables que se ponen en juego en esa interacción. No lo hemos encontrado, pero algunos se conforman con hacerse los tontos. Simplifican, ignoran, recortan, y mide. Y si 100 están mejor, se debe a esa nueva técnica que se llamará “reestructuración inversa protocolizada de polaridades semánticas” porque es “lo que se ha hecho” en esa sesión.

Seguimos haciendo esa ciencia que simula medir cosas que en realidad no puede medir, por herencia y tradición. Pero como todo campo, merece y debe ser actualizado, sobre todo para acompañar debidamente las nuevas ciencias emergentes.

Como dice la frase de Heráclito, “nadie puede bañarse dos veces en el mismo rio”. El rio no es el mismo, y la persona que se baña, tampoco lo es. Podemos verlo y seguir viviendo en la incertidumbre, o no verlo y sentir que estamos en terreno controlado. Yo personalmente siempre he preferido saber que no se.

Nerea Bárez

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Esta entrada fue publicada en 5 octubre, 2018 por en Artículos, Psicoterapia y etiquetada con , , .
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